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Hay miles de recuerdos hermosos, hay miles de momentos felices, hay tantos sentimientos
acumulados para ti madre mía, pero esta vez quiero decirte que te amo y darte las
gracias por lo que fuiste y sigues siendo para mí.
Mi alma reboza de alegría y de contento recordando tus caricias, tus cuidados, tus
palabras, tus sabias enseñanzas y los principios y valores que me diste desde niña,
madre amada.
Por todo lo que soy, GRACIAS, mil veces gracias madre, porque me enseñaste el valor
de la lealtad, de la solidaridad, de la gratitud, de la verdad, del respeto, de
la amistad, de la honestidad, de la honradez, etc., me entregaste todo tu amor y
sabiduría para prepararme ante la vida, lo que no me dijiste madre, tal vez porque
por tu bondad tampoco lo creías necesario, es que con el pasar del tiempo, se irían
perdiendo en la sociedad esos valores y principios básicos para el desarrollo de
una convivencia sana, solidaria, justa y feliz.
Si estuvieras junto a mi ahora, estarías sorprendida de la práctica diaria de los
antivalores que vive nuestra comunidad, es triste y lamentable darse cuenta de la
falta de temor a Dios, de la falta de compromiso social, de la facilidad y descaro
con que se practica la mentira, la inmoralidad, la deshonestidad, la traición, el
egoísmo, la envidia, la ambición, la codicia, el despilfarro, etc., antivalores
que antes eran juzgados y castigados con el desprecio y el aislamiento social, que
era mal visto y rechazado por todos, pero que hoy por hoy son vistos hasta como
“méritos” y a nadie le importa, o a casi nadie, porque habemos personas que sí vivimos
bajo principios éticos y morales fundamentales y que nos dolemos de la transformación
hacia el mal que sufre nuestro mundo.
Por ello gracias y mil veces gracias, madre querida, porque nos diste a mis hermanos
y a mi, una formación tan sólida que no ha movido los cimientos de nuestro ser,
sin claudicar ante nada y ante nadie, porque tenemos el orgullo de ser quienes somos
sin haber pisoteado a nadie, sino que lo logrado es fruto de la capacidad y esfuerzo
personal, del constante trabajo honrado, de la formación profesional y principalmente
por el ejemplo y formación en valores dejado por nuestros abuelos y padres.
Necesitaba escribirte esto, porque aunque diariamente le agradezco a Dios haberte
tenido como madre, quería dejar plasmado en esta página, mi gratitud y mi adoración,
madre de mi corazón, madre adorada, que desde el cielo nos bendices día a día, para
que la semilla que dejaste en la tierra, florezca algún día en el cielo, junto a
ti.
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ERES MI REINA
Madre mía, luz de lucero,
Tu amor me guía todos los días
Tu amor seguro y cariño sincero
Dan a mi vida mucha alegría.
Adoro siempre estar junto a ti,
Verte alegre sin importar lo que pase
Es lo mejor verte feliz,
No te lo impide nada ni nadie.
Quiero tenerte siempre en mi vida,
Aconsejándome en todo momento,
Quédate aquí, amiga mía,
Eres mi luz, mi fundamento.
Gracias por todo madre querida,
Por tu bondad eres la Reina,
Tu eres mi sol, tu eres mi vida,
Eres hermosa, belleza eterna.
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