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¿LA VERDADERA PANACEA?   Ir Atras
Cuando miramos la televisión, por lo general nos encontramos en un estado mental de letargo, por lo que resulta aburrido poner total atención a noticieros, programas políticos o programas de opinión, normalmente las personas cambiamos los canales cada cinco segundos en busca de algo entretenido y que nos permita olvidar las dificultades de la vida cotidiana. Sin embargo, para varias personas no resultan abrumadores los problemas del país y ponen su mayor interés en la realidad de los ecuatorianos.

Muestra de que los ecuatorianos se mantienen informados y atentos a los cambios trascendentales del país son aquellos hombres y mujeres que han puesto en riesgo hasta sus vidas con tal de manifestar su apoyo al gran cambio político que promete el Economista Rafael Correa, Presidente Constitucional del Ecuador.

Los manifestantes llenos de fervor patriótico caminan unidos hacia el Congreso Nacional, para ser escuchados y dejar su huella como héroes que han dado algo a la Patria que los vio nacer y crecer, donde sus antepasados también libraron batallas hasta morir con el fin de conseguir la libertad que hoy gozamos. Salir a las calles y enfrentar lo que sea necesario para captar atención, hace sentir a los manifestantes, sean jóvenes, adultos, niños, mujeres u hombres, ciudadanos invencibles al servicio de su país, que unidos conseguirán cambiar la realidad social, política y económica, objetivos que los políticos “de siempre” no han conseguido.

Pero que pasa cuando las cosas no son lo que parecen?

Qué pasa cuando, en los espacios televisivos que todos vemos, nuestros alabados manifestantes son ridiculizados al preguntárseles por el tema de su lucha, como por ejemplo ¿sabe usted qué es la constituyente? O ¿qué es la constitucional? y sus respuestas van desde una risa incontenible producto de los nervios hasta el típico pregúntele a otro.....

Pero bueno, cómo es posible que yo piense que salir a realizar manifestaciones en la calle ahora sea ridículo? El no hacerlo sería atentar contra la democracia, sin embargo, golpes, gases en la cara y hasta ultrajes por parte de los miembros de la fuerza pública, además de un inmoral manejo de la psicología social de quienes aún creemos en la patria, por parte de “líderes” oportunistas, han dejado una completa desilusión sobre la eficacia de decir lo que pienso en las calles.

Entonces, si salir a las avenidas y aceras de nuestras ciudades es ineficaz, qué hacemos? Porque la constituyente va porque va, aunque no sepamos bien qué es, pero como todos están a favor......

Como ecuatoriana y estudiante de Leyes puedo decir que no estamos condenados a desaparecer por los malos gobiernos sino por nosotros mismos –con el respeto que tienen las profecías de Santa Marianita de Jesús-, por supuesto muchos se han dado cuenta de la verdad de esta idea pero ¿por qué no hacemos algo por cambiar y salvarnos?

Ante los constantes problemas sociales y diferencias políticas surge como una luz en la oscuridad el Ec. Rafael Correa, su discurso de corte neo-populista –ya que es una mezcla entre ideas “innovadoras” y frases populares que llegan al corazón de los ecuatorianos!!!- y el milagro de la Constituyente, todo esto dentro de la efervescencia de un nuevo gobierno, un nuevo año y una profunda decepción sobre los actos de los señores diputados.

En el caso de Bolivia, luego de una crisis social muy fuerte, de una división regional, inclusive étnica y social que ha marcado estos últimos cinco años, se ve la necesidad de establecer un nuevo pacto social entre todos los bolivarianos de manera que todos se sientan representados, es por esto que actualmente se lleva a cabo el Asamblea Constituyente. El Ecuador con el mismo fin que Bolivia decide poner su atención sobre una Asamblea Constituyente que salve al país de la destrucción total.

La Asamblea Constituyente es un procedimiento democrático, que en este caso será de elaboración de un nuevo Código Político; al radicar el poder constituyente en el pueblo, sólo éste puede dar, legítimamente, una Carta Magna del Estado. La Asamblea Constituyente será un órgano extraordinario, que estará integrado por representantes elegidos por los ciudadanos y ciudadanas, para que elaboren una nueva Constitución. Pero qué es lo que persigue una Asamblea Constituyente?

Busca dirimir las diferencias de nuestra nación a través de la redacción de una nueva Carta Magna. La constituyente es el camino para establecer esa nueva ley suprema, condición de validez y unidad del sistema normativo.

El cambio de una Constitución no debe ser entendido como una forma directa de fijación de políticas públicas, a la Constitución no se le puede pedir educación, empleo, salud, saneamiento básico; esta norma solemne se debe entender como un nuevo pacto social para mejorar la organización del Estado a través de sus instituciones políticas y en el que se establece el régimen de garantías de los derechos fundamentales.

Más allá de un análisis constitucional del proceso de formación de la Asamblea Constituyente, este artículo de opinión busca volver a motivar la iniciativa de ser mejores ciudadanas y ciudadanos para nuestro país; los mireños como personas partícipes de los cambios que sufre el país, estamos en la obligación de aportar en el desarrollo positivo de estos cambios, no podemos seguir esperando que los demás resuelvan los conflictos que se dieron, se dan y se darán por nuestra voluntad, ¿quién eligió a los diputados? ¿quién eligió al Presidente de la República? ¿quién se ve afectado por la apatía? ¿hasta cuándo les seguimos entregando nuestra culpa a los “mismos de siempre”?

Surge la pregunta ¿qué podemos hacer? No tenemos el poder para que nos escuchen y somos pocos, el camino más importante para un amplio cambio social es el cambio personal, Platón no pudo definir mejor el sentido de este párrafo en su frase “La primera y la mejor de las victorias es la conquista de uno mismo”, tal vez es hora de dejar por un momento de lado la vida política de nuestros representantes y evaluar qué estamos haciendo mal como representados, no existe mejor prueba de que no actuamos con responsabilidad, cuando la historia muestra nuestros constantes fracasos: diecisiete constituciones –de las cuales una no se llego a promulgar en 1938- las mismas que se realizaron a través de Asambleas Constituyentes, salvo la Constitución de 1978-79 que fue aprobada mediante referéndum, aunque hasta 1997, todas las reformas constitucionales habían sido aprobadas por el Legislativo –en ejercicio del poder constituyente derivado- o a través de consulta popular, adicionalmente existen las reformas de 1983,1992,1995,1996 y 1997.

La Constitución del 98 a pesar de que tuvo avances como la legalización de instituciones existentes como Defensoría del Pueblo o la integración de derechos colectivos de los pueblos indígenas y los colectivos de los ciudadanos a un medio ambiente sano, no fue el remedio a todos los males y la que se obtendrá en el 2007 –si todo sigue el proceso normal- tampoco será la panacea final.

Mireños, tomando en cuenta los argumentos legales, históricos, políticos y sociales que vive nuestra nación, es preciso realizar un análisis profundo del verdadero problema del país y asumir nuestra cuota de responsabilidad y de poder sobre el futuro del Cantón Mira, la Provincia del Carchi y del Estado Ecuatoriano.

La verdadera panacea no existe y jamás habrá una fórmula capaz de subsanar cualquier mal, más aún si es un mal moral, psicológico o social. ¡Qué absurdo queridos coterráneos! estamos hundidos en una crisis por aquellos a quienes nosotros elegimos, que absurdo pensar que una Constitución Política con nuevos derechos sobre integridad personal sea la panacea cuando maltratamos a nuestras esposas, hijos o vecinos; que absurdo pensar que los señores diputados no violarán el derecho a la honra, a la buena reputación y a la intimidad personal, cuando nosotros no lo hacemos; que absurdo pensar que todos deben cambiar menos nosotros.

Llamo a una reflexión en base a estos argumentos y muchos más que ustedes amigos lectores pueden aportar, para motivar la revolución interna de la que nos hablaba Velasco Ibarra ¿Queréis revolución? Hacedla primero dentro de vuestras almas, todos los días, sin amilanarse. Esa es la revolución: amor al progreso y a la justicia, venciendo todos los obstáculos”, para realizar la obra de Dios en la Tierra como Jhon F. Kennedy señaló en su discurso de posesión, ya que nosotros tenemos el poder de hacer del lugar donde vivimos, donde nuestros hijos crecerán y en donde veremos el ocaso de nuestros mejores años de vida, un lugar de progreso, de libertad, de cuestionar cada día para crecer, sanar nuestra vida y disfrutar.
María Belén Merchán Mera
Estudiante de Derecho
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Quito-Ecuador
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