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3 de mayo de 2010
Por Damaris Montenegro Urresta |
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Muchos, quizá, todos, ahora mismo estarán buscando con diligencia el mejor regalo
para mamá, no sabrán decidirse entre las decenas de tarjetas de una tienda, de entre
mil colores de un suéter ó para quienes que con algo de suerte, habrán podido ahorrar
más, un obsequio grande, visible y pomposo que conferirá de su madre una gran sonrisa
y sorpresa por el detalle. Sin embargo, ¿cuántos de ustedes se han detenido a pensar
en un escaso minuto del día, qué es lo que realmente desearía mamá en lo sublime
y profundo de sus anhelos?. Déjenme decirles amigos míos que hasta la más preciosa
alhaja estará apartada de su mente y su corazón cuando del mejor obsequio se hable.
Una madre quiere simplemente lo más sencillo del mundo.
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¿Hace cuánto no han corrido hacia ella para darle el mejor de sus abrazos sin razón
alguna? ¿Hace cuánto no se acuestan junto a ella y le susurran al oído lo mucho
que la aman? ¿Hace cuánto no halagan esa belleza que emana de su rostro? ¿Hace cuánto
no le agradecen por todo lo que ha hecho por ustedes y a pesar del implacable paso
del tiempo sigue haciéndolo?… ¡Hace cuánto! Hoy, como no lo han hecho hace mucho,
aventúrense en la travesía de encontrar el mejor “te amo mamá” que en algún recóndito
rincón de su vida han dejado oculto, pero que paciente sigue aguardando.
Permitan que su madre sepa que como hijos no encuentran forma de alcanzar en gratitud
y amor todo lo que por ustedes han podido dar. Cuando la ven trabajar, luchar con
las deudas, sacrificarse por darles de comer, porque nada les haga falta. Díganles
al tomarla de la mano que, aunque no siempre fueron obedientes y buenos hijos, las
aman con su vida y piden perdón por sus fallas pues saben cuán noble y grande es
su corazón. Con un beso en su mejilla enúncienle que no hay lugar en este mundo
en el que pueda caber toda su lucha, ni sol tan grande capaz de iluminar sus pasos
en el camino muchas veces empapado por sus lágrimas y que no hay suficiente corazón
en el pecho suyo para tanta correspondencia.
Es urgente comprender la labor enorme que conlleva ser madre, he escrito varias ocasiones con motivo de su día, de hecho en uno de mis escritos, titulado
El dolor
de ser madre, señalo: “En la mente de aquella mujer rondaba una sola idea, su hijo.
Los dolores se abalanzaron de repente en el vientre ávido por despojar. Las horas pasaban por desapercibidas en el llanto y desesperación del parto que se venía en
camino. Solo la ilusión de ver a su pequeño le mantenía con vida. Una clase de sufrimiento
indescriptible por la fusión de sentimientos albergados en un solo lugar, su corazón.
La travesía empezó y terminó en el estallido de un grito ensordecedor que a sus
oídos se entonó en dulce melodía, su pequeño estaba bien, estaba vivo, estaba con
ella.”
Una madre, por amor a un hijo estará siempre en el lugar en el que la necesiten,
sin límite de horas, ni de rincones, hoy, mañana y persistentemente. Es ella quien
aún hallándonos en el último de los dolores, despojados de toda esperanza y en la
más climática de las desolaciones, hace que rebose de felicidad el alma con tan
solo contemplar su imagen, cuando tan mágica se presenta que con solo cerrar los
ojos se puede sentir que sus brazos nos sostienen cuando parece que el mundo nos
suelta de la mano, su voz en los adentros tiende a fantasear palabras dulces y llenas
de amor porque ella está ahí, diciéndonos despacito al oído: “Mejor si en el camino
no estás solo. Mejor si estoy yo para protegerte y acompañarte durante esta tan
larga travesía llamada vida, para que mis ojos iluminen tu camino, mi corazón te
guíe en las tinieblas, mi boca te bese aliento nuevo y mis brazos te cobijen en
la noches frías.”
No esperen demasiado para demostrarle a su madre, con hecho y palabra, todo lo que
sienten, reflexionen en silencio sobre todos aquellos que precisamente ahora, al
correr de estas líneas, quisieran abrazar a su madre y decirle lo mucho que habrían
deseado que siguiera viva para prodigarle el mejor de sus besos, la mejor de sus
caricias, el mejor de sus abrazos; no obstante, reprimen ese anhelo al saber que
ella más a su lado no está.
Definitivamente, el mejor obsequio para una madre es ver sonreír a sus hijos día
a día, verlos crecer como hombres y mujeres de bien, saber que en su seno guarda
hijos que la respetan por sobre todas las cosas y que a pesar de sus errores siguen
gustosos aprendiendo, que la abrazan sorpresivamente, que la exaltan ante los demás
y que por encima de cualquier cosa la aman con todo su corazón. Es en verdad un
regalo para todos los días y no es sino esta ocasión, una excusa para corroborar
la admiración y gratitud que por ella sentimos.
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“Madre, tus brazos siempre se han abierto cuando
he necesitado un abrazo,
tu corazón ha sabido comprender cuando necesitaba una amiga,
tus ojos sensibles han sabido endurecerse cuando he necesitado una lección y
tu
alma ha sido capaz de abrirse para dar paso a todo renunciamiento por mí.
Tu fuerza
y tu amor me han dirigido por la vida y me han dado las alas
que necesitaba para
volar.
Eres la mujer más bella que jamás he conocido.
Todo lo que soy, te lo debo
a ti y por ello atribuyo todos mis éxitos a tu enseñanza y ejemplo de vida madre
mía.”
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¡Feliz Día a todas las madres de nuestro hermoso pueblo de Mira y a todas las
madres del mundo!
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