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El origen de esta ceremonia se localiza en la frase
bíblica cuando la Virgen presenta al Niño Jesús en el templo. Según la tradición
hebrea, toda madre devía presentar a su primogénito, acompañado de un pichón de
paloma y una lámpara o cera para solemnizar el acto, determinando la pureza del
infante y la formalidad del compromiso con Yavé. Esta situación dio lugar para que
en los siglos posteriores se tome la constumbre de que en la fiesta de la Candelaria
se bendigan cirios que servirían inclusive para la hora de la muerte. De allí que
quienes transportan y llevan las ceras son los niños, pues ellos simbolizan al Niño
Dios presentándose ante el templo para el rito de la purificación. |